Cuando el problema aún no crece pero hay elementos para pensar que se aproxima.
Bien dice el dicho que “más vale prevenir que lamentar”. La sabiduría popular es muy acertada y es que siempre será mejor, menos complicado y más efectivo tomar medidas preventivas para evitar problemas, daños o crisis, que tener posteriormente que corregirlos.
Muchas veces, podemos prever cambios, cambios que nos angustian, que nos preocupan, que significan modificaciones radicales en nuestra forma habitual de vivir y que, de no atenderse, pueden generar problemas importantes. Digamos que, en algún momento se gesta un problema, algo que irá creciendo poco a poco de no tomar acciones para detenerlo, hasta convertirse, en muchos casos, en un inconveniente grande, como si de una bola de nieve, que va aumentando su tamaño, se tratara.
En el caso de la psicología, la psicoterapia preventiva o profiláctica es especialmente recomendada para adolescentes, parejas y ejecutivos.
En el caso de los ADOLESCENTES, si padres o maestros detectamos el inicio de un cambio significativo en sus hábitos o comportamientos, adelantarnos a mayores problemas con una, o varias, intervenciones preventivas, de corta duración, a tiempo.
En cuanto a las PAREJAS, algunos cambios en la vida de sus miembros o de la pareja como familia pueden ser detonadores de problemáticas emocionales y de convivencia. Tal es el caso, por ejemplo, del nacimiento de un hijo, un cambio de residencia, cambio de trabajo, modificación en la situación económica, quedarse solos cuando los hijos se van de casa, las jubilaciones, etc. Una intervención preparatoria para dichos cambios puede evitar sufrimientos futuros, así como rupturas en el peor de los casos.
Finalmente, el caso de los EJECUTIVOS es muy particular pues aquí estaríamos hablando de prevenir problemas, por un lado de salud derivados del exceso de estrés por la presión laboral y, por el otro, problemáticas con la pareja o la familia por no lograr un equilibrio entre el tiempo que dedica a su trabajo, a su persona y a su familia.
Estos son algunos ejemplos de cómo, una intervención a tiempo es más efectiva, rápida y económica, tanto en términos de dinero como, sobre todo, en términos de sufrimiento que puede disminuirse y, en muchos casos, evitarse.